Ella era violinista, le encantaba su profesión y disfrutaba día a día viendo como las notas emergía de su instrumento como parte de su estado de ánimo; sin embargo sabía que su pequeño violín formaba parte de algo mucho mas grande, formaba parte de la gran orquesta que todos los viernes deleitaba con su impecable presencia y su maravillosa armonía a miles de oídos entregados al milagro sanador de la música. Cuando acudía a los ensayos, era consciente de su gran familia; sabía que si la percusión, los vientos, los metales no estaban afinados y trabajaban en armonía bajo las ordenes del director, la orquesta no sonaría....................... Somos la gran orquesta, el director responsable de su resonancia; cada órgano de nuestro cuerpo vibra en una frecuencia distinta que le hace diferente al resto; se alimenta, vive y logra mantenerse sano si el resto también está alineado en sus frecuencias. Cuando sabemos que cada emoción posee una onda vibratoria vinculada estrechamen...
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